INFORME DE LECTURA N° 3
RATZINGER, Joseph. Introducción al Espíritu de la Liturgia. Bogotá: Sociedad de San Pablo, primera edición, 2001.
PRIMERA PARTE
SOBRE LA ESENCIA DE LA LITURGIA
CAPÍTULO III
DEL ANTIGUO AL NUEVO TESTAMENTO
Tanto en el Génesis y como en el Éxodo, respectivamente, hay dos realidades que dan inicio a la historia del culto: el sacrificio de Abraham y la liturgia pascual. Estos se convierten en una antelación de Cristo como verdadero cordero, como el “primogénito de toda criatura”
A pesar de que en Antiguo Testamento se hacen muchísimas referencias a los holocaustos y sacrificios, todo tiene que ser coherente con las acciones, o sea, lo que realmente interesa a Dios es el amor y la obediencia de parte de su pueblo. En el nuevo testamento, Cristo confirma esta verdad cuando dice “Misericordia quiero, no sacrificios” (Mt 9,13).
El acontecimiento de la resurrección marca un nuevo comienzo, en el que el carácter transitorio del templo y los sacrificios que allí se ofrecen a Yahvé, alcanzan su culmen con el sacrificio de Cristo en la cruz, pero se avanza más cuando hay que remitirse a la Resurrección, como colofón de todo el Misterio Pascual. Bajo esta perspectiva, el sacrificio adquiere su significado más pleno cuando se asimila su unión al logos encarnado, es decir, al mismo Cristo. Al final, es la Eucaristía la mejor expresa este gran Misterio.
Finalmente, vale la pena destacar lo siguiente de modo literal:
· El culto cristiano no puede verse como una forma cristianizada del culto de la Sinagoga; por mucho que su configuración concreta tenga algo que agradecer a ese culto
· La universalidad es algo propio del culto cristiano. Se trata del culto de cielos abiertos. Celebrar la Eucaristía significa introducir una glorificación total de Dios en el ágora abierta del cielo y de la tierra.
· La “logike latreia” (Rm 12,1) de San Pablo se puede contemplar como fórmula para la configuración esencial de la liturgia cristiana. La palabra “Eucaristía”, que remite al concepto de adoración, es decir, a la Encarnación, a la Cruz y a la Resurrección de Cristo como fórmulas históricas de adoración, puede ser utilizada como fórmula abreviada de la idea de la “logike latreia”, por tanto, puede ser tenida como expresión adecuada de la liturgia cristiana. Todas las demás prescripciones ceremoniales se quedan demasiado cortas: “reunión, “banquete”, etc.
· La liturgia cristiana es la liturgia de las promesas cumplidas. Sin embargo, sigue siendo liturgia de la esperanza. Ella lleva en sí los signos de la provisionalidad. El nuevo Templo no construido por manos humanas está ya en ella y, no obstante, se halla todavía en proceso de construcción. La liturgia cristiana es una liturgia de peregrinación que conduce a la transfiguración del mundo. Alcanzará su cumplimiento pleno cuando “Dios sea todo en todas las cosas” (1Cor 15, 28).