lunes, 11 de abril de 2011

LAS EXIGENCIAS CATEQUÉTICAS EN LA RENOVACIÓN LITÚRGICA

INFORME DE LECTURA N° 8

(MARCOS ROBERTO ÁLVAREZ HINCAPIÉ - YASID MAURICIO SALAS RESTREPO - JOHN MARIO ZAPATA PEÑA)

MARTIN, José Ma. Patino s.j. (preparador edición). Liturgia Hoy. Tomo I: Criterios conciliares de la renovación litúrgica. Madrid: Razón y Fe S.A. 1965

LAS EXIGENCIAS CATEQUÉTICAS EN LA RENOVACIÓN LITÚRGICA

Jacques Audinet

En primer lugar ha de observarse como el pueblo cristiano anhela vivir la riqueza de la liturgia y los sacramentos, pero los ritos en sí mismo no bastan, allí tiene que estar la vida entera. En segundo lugar, la preocupación de los pastores por impartir una educación litúrgica que permita beneficiarse de los ritos bajo cualquier circunstancia. Lo anterior constituiría, según el autor, el preámbulo de la Sacrosanctum Concilium.

I. ACTITUDES FRENTE A LA LITURGIA.

El pastor debe reflexionar sobre su doble misión: el Misterio de la Salvación celebrado en los signos de la Liturgia y la responsabilidad de acercar a los fieles, especialmente a los niños y jóvenes, a la liturgia. Lo que desemboca en dos dificultades: el prescindir de todo signo cristiano y la incomprensión de la realidad-Gracia en los signos cristianos.

1. Prescindir de todo signo cristiano

Se relaciona con el otorgar un lugar secundario a los sacramentos (como síntoma de un individualismo religioso) y tiene como causas: una educación religiosa con vicios del pasado; el respeto humano ante la presión del medio ambiente desfavorable, la no percepción del lugar esencial de los Sacramentos en la vida cristiana, la poca aceptación del evangelio; una vida de oración ferviente, pero que no se traduce a una liturgia viva; el subjetivismo de la práctica sacramental; la mentalidad técnica (explicar es lo mismo que demostrar, y todo lo que escapa a este proceso aparece como inconsistente; es el caso de los signos litúrgicos), el peligro de ver en lo signos y palabras litúrgicas no más que poesía; la percepción de los signos sacramentales como legado del pasado(la mediación sacramental es rechazada en lo que tiene de originalidad propia). Existe un desprecio del signo. Frente a todo lo anterior, por ejemplo, sería necesario abogar por la búsqueda del equilibrio entre lo individual y lo comunitario en una verdadera catequesis litúrgica; también, realizar una catequesis de los sacramentos en la historia de la salvación, más que en su arqueología.

2. Incomprensión de la realidad-Gracia en los signos cristianos.

Se refiere a la incapacidad de los fieles de percibir a profundidad que significa el signo litúrgico y de beneficiarse, en este sentido, de las riquezas que abarcan. Todo porque se detienen en la exterioridad del signo y no van su esencia inundada por la Gracia; hay una atención en la exactitud de la realización de los gestos y las palabras más que en vivificarlos en el espíritu. Del ritualismo no se desprendería más que una formalidad vacía de todo su contenido de la Gracia de Dios, cuyo objeto es cumplir con exigencias individuales. Otro aspecto es el moralismo, asumiendo los signos litúrgicos como medio para determinar la vida moral, ignorando la vida de la Gracia y la mediación de Cristo. Se trata entonces de asumir una catequesis en la que se manifieste la riqueza de la vida de la Gracia contenida en la Liturgia; es menester indicar la unión íntima entre los signos y la acción salvadora de Dios en Jesucristo; mostrar que en la Liturgia se obra la Salvación de Jesucristo

II. Exigencias de una catequesis litúrgica

La primera exigencia sería, permitir a los fieles encontrar el misterio de Dios por medio de los sacramentos que son los mismos de la obra salvadora en la mediación de Jesucristo. También más que una catequesis sobre un contenido se trata de la formación de un lenguaje: el de los signos cristianos y su lectura. Más que presentar el contenido (tiempos litúrgicos, ritos de la misa, los siete sacramentos, los sacramentales), que es importante, es necesario mirar la manera en que se va transmitir ese contenido. Hay que revelar la unidad de dinamismo entre los aspectos de la liturgia cristiana: los signos, la Gracia y la mediación de Cristo.

  1. La liturgia de vida de nuestro tiempo

Se tiene claro que dos de los peligros de la catequesis litúrgica son el arqueologismo y la cosificación. Por lo que hay que evidenciar la actualidad del signo litúrgico como actos vivientes.

a) Gestos de la comunidad

Es importante la expresión litúrgica comunitaria, donde se hagan patentes los aspectos humano y espiritual. Así los gestos de los Sacramentos son asumidos como reales y actuales, de la misma manera como lo es percibida la comunidad. En este sentido, la liturgia se aprende en comunidad y la palabra que les otorga significado se hace lectura en la fe de la experiencia cristiana vivida por la comunidad.

b) Una palabra viva que revele el misterio de los signos

Este numeral tiene como propósito mostrar que una palabra viviente que esclarezca los signos cristianos, será una palabra que establezca la unión y el vínculo de los signos, con las personas que los viven. Es decir, el cristiano ha de comprender que los signos presentes en la liturgia, inicialmente fueron escogidos por Cristo, y por la Iglesia para significar realidades divinas invisibles. Por ejemplo cuando se lee el evangelio: Jesús habla a su pueblo. Y el pueblo responde a Dios con el canto y la oración. El signo debe alimentar la fe del cristiano y éste ha de comprender que los gestos cristianos (señal de la Cruz, estar de rodillas, de pie, sentados) se presentan como actos de personas visibles, y de personas invisibles: “Nosotros decimos, pensamos, hacemos; de igual manera Dios piensa, hace y actúa”. Las cosas de la liturgia así esclarecidas, serán percibidas como signos, es decir como expresión del diálogo de salvación entre Dios y los hombres. Un diálogo que se hace actual en la liturgia, y que se debe vivir constantemente.

c) Una palabra que muestre el enraizamiento humano de los actos cristianos

Principalmente en la catequesis, se debe argumentar que los signos tiene un sentido muy profundo, porque están relacionados con la vida humana, y con los anhelos más profundos del hombre de hoy. Por ejemplo, el banquete¸ experiencia humana fundamental, fue tomada por Cristo en el banque de la última Cena para hacer de él el signo de su presencia y de su salvación. Y se puede mostrar cómo los gestos litúrgicos, salen al encuentro de las grandes experiencias humana. La experiencia de la ruptura de la amistad con Dios y la reconciliación en la penitencia; la experiencia del nacimiento en el bautismo y al mismo tiempo la experiencia de ese “renacer” a que todo hombre aspira. La experiencia del don, de la ofrenda y de la acción de gracias. Es más el deseo de sobrevivir a la muerte, y la renovación de una vida en plenitud. Dios ha tomado todo esto y lo ha salvado por su Muerte Resurrección, la cual nos transmite en los gestos litúrgicos. Los signos litúrgicos tomarán así su verdadera plenitud. Gestos profundamente humanos, elegidos por Dios para ser instrumento de su salvación.

2. Liturgia y vida cristiana

El cristiano no puede separar el vínculo existente entre vida, y liturgia. No se puede orientar la vida por un lado, y la oración, la liturgia y las virtudes por otro lado. El deseo del Señor es que ambas se iluminen mutuamente. La gracia del sacramento no se puede experimentar, sino que tiene unos efectos en la vida del cristiano, y es que el fruto de la gracia del sacramento transforma la vida de todo cristiano.

a) Liturgia e historia de la salvación

En la catequesis se debe hacer énfasis en que los Sacramentos son acciones de Cristo Hoy. La catequesis puede reducirse a los acontecimientos centrales de la historia de la salvación: el nacimiento, la Muerte y la Resurrección. Dios interviene por Jesús en la Historia para salvar a los hombres. Para lograr que los niños puedan tener una comprensión de la historia de la salvación, por medio de la catequesis, es muy importante revelarles la acción de Jesús. Y en el contexto de esta acción de Cristo, es donde se les puede explicar los sacramentos. Jesús nos perdona como perdonó a la mujer pecadora; en la Eucaristía el Sacerdote realiza nuevamente lo que Jesús hizo en la última cena. El lazo pedagógico de unión entre un hecho y otro, sirve para describir el acto evangélico de Jesús y el acontecimiento litúrgico de hoy, y de este modo se facilita a la inteligencia del niño comprender que el acto gesto de hoy, es el mismo gesto de Jesús.

domingo, 3 de abril de 2011

EL MOVIMIENTO LITÚRGICO: ORIGEN Y SIGNIFICADO

INFORME DE LECTURA N° 7

MARTIN, José Ma. Patino s.j. (preparador edición). Liturgia Hoy. Tomo I: Criterios conciliares de la renovación litúrgica. Madrid: Razón y Fe S.A. 1965

EL MOVIMIENTO LITÚRGICO: ORIGEN Y SIGNIFICADO

Josef A. Jungmann

A partir del anuncio de SS Juan XIII del Concilio Vaticano II, se empieza a vislumbrar una época de cambios para la Iglesia. Pero nunca nadie se imaginó que dicho cambio fuera a afectar tan radicalmente a la Liturgia que parecía ser inmodificable. En el concilio se configura una constitución sobre la Sagrada Liturgia: la Sacrosanctum Conclilium, como culminación del llamado Movimiento Litúrgico. Así pues hay que remontarse años atrás para descubrir las primeras señales del ya mencionado movimiento.

Podría considerarse el Medioevo como la época del redescubrimiento de la liturgia; es el primer indicio del movimiento litúrgico, sobre todo con la renovación del canto Gregoriano. Luego la reforma que al respecto de la liturgia hizo SS Pío V en l750 después del Concilio de Trento no fue una reforma pastoral; lo más importante son las rúbricas y todo lo concerniente a la liturgia le corresponde al sacerdote. El ideal era enfatizar la distinción entre el laico y el clero; sólo el ministro consagrado puede consagrar y administrar los misterios.

Más adelante en el siglo XX con la secularización, la tecnología y, como consecuencia, la descristianización, se ve necesaria una resignificación y, quizás, la reforma de la liturgia. El padre Beauduin de Bélgica, en el marco del Congreso Nacional de Obras Católicas en 1909 instaba a los asistentes a aprovechar la gran oportunidad que en la liturgia y, en su marco, la reunión de la comunidad se tenía para, entre otras cosas, de renovar la espiritualidad y conmemorar las alegrías y tristezas de los fieles. Sin embargo, proponía, encontrar nuevos caminos. Es a partir de aquí que nace el movimiento litúrgico propiamente dicho; el 23 de septiembre de 1909 en tierra belga; sobre todo con la propagación del texto de las Vísperas y de la Misa y la introducción del pueblo en la liturgia. En la Alemania de postguerra, comenzó a tomar vigor el Movimiento, pero desde el punto de vista académico, con el centro Maria Laach. Se logró avanzar hacia las misas comunitarias y dialogadas. Más adelante Pius Parsch, desde 1930 hacía llegar a las parroquias cuadernillos con el texto de la Misa con los cuales el pueblo aprendió a contestar el ordinario de la Misa en lengua vulgar. La fuerza del movimiento llegaría así, hasta otras naciones, entre las que se cuenta a Francia.

El logro más importante hasta el momento del Movimiento, corresponde al acercamiento de los fieles a la Liturgia; ya no eran sólo espectadores y receptores. No obstante, aún había tres dificultades: la lengua de la liturgia: el latín; la complejidad de la Liturgia (ceremonias y ritos muy elaborados); y, las aclaraciones históricas. El tiempo pasa, y en la postguerra el Movimiento o Renovación litúrgica, da un importante paso promovido por SS Pío XII entre1950 y 1955 al modificar la Vigilia pascual, y luego, toda la Semana Santa. En Asís, (1956) la alocución final del Papa: “Liturgia Pastoral”, después del Congreso Internacional de Pastoral Litúrgica, fue lo que dio apertura al “renacimiento pastoral de la Liturgia” motivado, entre otras cuestiones, por la incredulidad que se gestaba en la época.

Analizando la costumbre y el uso, se vislumbran puntos loables y otros no tanto. Por un lado, la protección de lo esencial que posibilita la conservación de la religión, de la verdadera vida cristiana. Por otro, el condicionamiento de la costumbre que lleva a la mera rutina y la inconsciencia; a la sola normativización de deberes y prohibiciones. De lo último de desprende una menesterosa urgencia: la resignificación del cristianismo desde la consciencia, la comprensión, la captación, la afirmación y la libertad. La propuesta para lograr esto, es “enseñar primero desde el indicativo y luego desde el imperativo”. A todo lo anterior cabe añadir la importancia de la entraña evangélica, cristológica, catequética y apostólica, como los pilares del sentido del Movimiento litúrgico.

Las pretensiones del movimiento litúrgico van más allá de la mera participación de los laicos; incluyen la efectivización de la cura pastoral, la renovación religiosa, la inserción del pueblo en un cristianismo vivido y comprendido con intensidad. Hay que partir de los principios de la oración, la profundización de las verdades del cristianismo (no sólo desde la intelectualidad, sino desde el corazón; desde la Fe, la Gracia y los Sacramentos). En este sentido, la Liturgia tendrá que llevarnos, mediante lo perceptible, a la comprensión de las verdades sobrenaturales que la teología formula. La Liturgia debe ser crística y cristocéntrica; en ella se debe comunicar tanto al Cristo humano como al Divino, la Mediador, al intercesor, al Sumo Sacerdote.

Importante es al final, la insistencia del Movimiento litúrgico, en una intensificación y concentración en lo esencial: Cristo. No es conveniente la desviación y centralización en diversas devociones; se requiere de unidad en Cristo. A la Teología le corresponde la elaboración de dicha unidad en el terreno de la Fe, y a la Liturgia, me atrevo a decir, su comunicación en el terreno de la práctica de la fe cristiana.