INFORME DE LECTURA N° 8
(MARCOS ROBERTO ÁLVAREZ HINCAPIÉ - YASID MAURICIO SALAS RESTREPO - JOHN MARIO ZAPATA PEÑA)
MARTIN, José Ma. Patino s.j. (preparador edición). Liturgia Hoy. Tomo I: Criterios conciliares de la renovación litúrgica. Madrid: Razón y Fe S.A. 1965
LAS EXIGENCIAS CATEQUÉTICAS EN LA RENOVACIÓN LITÚRGICA
Jacques Audinet
En primer lugar ha de observarse como el pueblo cristiano anhela vivir la riqueza de la liturgia y los sacramentos, pero los ritos en sí mismo no bastan, allí tiene que estar la vida entera. En segundo lugar, la preocupación de los pastores por impartir una educación litúrgica que permita beneficiarse de los ritos bajo cualquier circunstancia. Lo anterior constituiría, según el autor, el preámbulo de la Sacrosanctum Concilium.
I. ACTITUDES FRENTE A LA LITURGIA.
El pastor debe reflexionar sobre su doble misión: el Misterio de la Salvación celebrado en los signos de la Liturgia y la responsabilidad de acercar a los fieles, especialmente a los niños y jóvenes, a la liturgia. Lo que desemboca en dos dificultades: el prescindir de todo signo cristiano y la incomprensión de la realidad-Gracia en los signos cristianos.
1. Prescindir de todo signo cristiano
Se relaciona con el otorgar un lugar secundario a los sacramentos (como síntoma de un individualismo religioso) y tiene como causas: una educación religiosa con vicios del pasado; el respeto humano ante la presión del medio ambiente desfavorable, la no percepción del lugar esencial de los Sacramentos en la vida cristiana, la poca aceptación del evangelio; una vida de oración ferviente, pero que no se traduce a una liturgia viva; el subjetivismo de la práctica sacramental; la mentalidad técnica (explicar es lo mismo que demostrar, y todo lo que escapa a este proceso aparece como inconsistente; es el caso de los signos litúrgicos), el peligro de ver en lo signos y palabras litúrgicas no más que poesía; la percepción de los signos sacramentales como legado del pasado(la mediación sacramental es rechazada en lo que tiene de originalidad propia). Existe un desprecio del signo. Frente a todo lo anterior, por ejemplo, sería necesario abogar por la búsqueda del equilibrio entre lo individual y lo comunitario en una verdadera catequesis litúrgica; también, realizar una catequesis de los sacramentos en la historia de la salvación, más que en su arqueología.
2. Incomprensión de la realidad-Gracia en los signos cristianos.
Se refiere a la incapacidad de los fieles de percibir a profundidad que significa el signo litúrgico y de beneficiarse, en este sentido, de las riquezas que abarcan. Todo porque se detienen en la exterioridad del signo y no van su esencia inundada por la Gracia; hay una atención en la exactitud de la realización de los gestos y las palabras más que en vivificarlos en el espíritu. Del ritualismo no se desprendería más que una formalidad vacía de todo su contenido de la Gracia de Dios, cuyo objeto es cumplir con exigencias individuales. Otro aspecto es el moralismo, asumiendo los signos litúrgicos como medio para determinar la vida moral, ignorando la vida de la Gracia y la mediación de Cristo. Se trata entonces de asumir una catequesis en la que se manifieste la riqueza de la vida de la Gracia contenida en la Liturgia; es menester indicar la unión íntima entre los signos y la acción salvadora de Dios en Jesucristo; mostrar que en la Liturgia se obra la Salvación de Jesucristo
II. Exigencias de una catequesis litúrgica
La primera exigencia sería, permitir a los fieles encontrar el misterio de Dios por medio de los sacramentos que son los mismos de la obra salvadora en la mediación de Jesucristo. También más que una catequesis sobre un contenido se trata de la formación de un lenguaje: el de los signos cristianos y su lectura. Más que presentar el contenido (tiempos litúrgicos, ritos de la misa, los siete sacramentos, los sacramentales), que es importante, es necesario mirar la manera en que se va transmitir ese contenido. Hay que revelar la unidad de dinamismo entre los aspectos de la liturgia cristiana: los signos, la Gracia y la mediación de Cristo.
- La liturgia de vida de nuestro tiempo
Se tiene claro que dos de los peligros de la catequesis litúrgica son el arqueologismo y la cosificación. Por lo que hay que evidenciar la actualidad del signo litúrgico como actos vivientes.
a) Gestos de la comunidad
Es importante la expresión litúrgica comunitaria, donde se hagan patentes los aspectos humano y espiritual. Así los gestos de los Sacramentos son asumidos como reales y actuales, de la misma manera como lo es percibida la comunidad. En este sentido, la liturgia se aprende en comunidad y la palabra que les otorga significado se hace lectura en la fe de la experiencia cristiana vivida por la comunidad.
b) Una palabra viva que revele el misterio de los signos
Este numeral tiene como propósito mostrar que una palabra viviente que esclarezca los signos cristianos, será una palabra que establezca la unión y el vínculo de los signos, con las personas que los viven. Es decir, el cristiano ha de comprender que los signos presentes en la liturgia, inicialmente fueron escogidos por Cristo, y por la Iglesia para significar realidades divinas invisibles. Por ejemplo cuando se lee el evangelio: Jesús habla a su pueblo. Y el pueblo responde a Dios con el canto y la oración. El signo debe alimentar la fe del cristiano y éste ha de comprender que los gestos cristianos (señal de la Cruz, estar de rodillas, de pie, sentados) se presentan como actos de personas visibles, y de personas invisibles: “Nosotros decimos, pensamos, hacemos; de igual manera Dios piensa, hace y actúa”. Las cosas de la liturgia así esclarecidas, serán percibidas como signos, es decir como expresión del diálogo de salvación entre Dios y los hombres. Un diálogo que se hace actual en la liturgia, y que se debe vivir constantemente.
c) Una palabra que muestre el enraizamiento humano de los actos cristianos
Principalmente en la catequesis, se debe argumentar que los signos tiene un sentido muy profundo, porque están relacionados con la vida humana, y con los anhelos más profundos del hombre de hoy. Por ejemplo, el banquete¸ experiencia humana fundamental, fue tomada por Cristo en el banque de la última Cena para hacer de él el signo de su presencia y de su salvación. Y se puede mostrar cómo los gestos litúrgicos, salen al encuentro de las grandes experiencias humana. La experiencia de la ruptura de la amistad con Dios y la reconciliación en la penitencia; la experiencia del nacimiento en el bautismo y al mismo tiempo la experiencia de ese “renacer” a que todo hombre aspira. La experiencia del don, de la ofrenda y de la acción de gracias. Es más el deseo de sobrevivir a la muerte, y la renovación de una vida en plenitud. Dios ha tomado todo esto y lo ha salvado por su Muerte Resurrección, la cual nos transmite en los gestos litúrgicos. Los signos litúrgicos tomarán así su verdadera plenitud. Gestos profundamente humanos, elegidos por Dios para ser instrumento de su salvación.
2. Liturgia y vida cristiana
El cristiano no puede separar el vínculo existente entre vida, y liturgia. No se puede orientar la vida por un lado, y la oración, la liturgia y las virtudes por otro lado. El deseo del Señor es que ambas se iluminen mutuamente. La gracia del sacramento no se puede experimentar, sino que tiene unos efectos en la vida del cristiano, y es que el fruto de la gracia del sacramento transforma la vida de todo cristiano.
a) Liturgia e historia de la salvación
En la catequesis se debe hacer énfasis en que los Sacramentos son acciones de Cristo Hoy. La catequesis puede reducirse a los acontecimientos centrales de la historia de la salvación: el nacimiento, la Muerte y la Resurrección. Dios interviene por Jesús en la Historia para salvar a los hombres. Para lograr que los niños puedan tener una comprensión de la historia de la salvación, por medio de la catequesis, es muy importante revelarles la acción de Jesús. Y en el contexto de esta acción de Cristo, es donde se les puede explicar los sacramentos. Jesús nos perdona como perdonó a la mujer pecadora; en la Eucaristía el Sacerdote realiza nuevamente lo que Jesús hizo en la última cena. El lazo pedagógico de unión entre un hecho y otro, sirve para describir el acto evangélico de Jesús y el acontecimiento litúrgico de hoy, y de este modo se facilita a la inteligencia del niño comprender que el acto gesto de hoy, es el mismo gesto de Jesús.
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