INFORME DE LECTURA N° 9
MARTIN, José Ma. Patino s.j. (preparador edición). Liturgia Hoy. Tomo I: Criterios conciliares de la renovación litúrgica. Madrid: Razón y Fe S.A. 1965
EL TIEMPO LITÚRGICO:
El domingo día del Señor
Casiano Floristán
Para iniciar el informe de lectura vale la pena retomar, como lo hace el texto, lo que dice la Sacrosanctum Concilium en su numeral 106, acerca de domingo. En dicho numeral se puede constatar cómo no se han olvidado los elementos esenciales de este día a lo largo de la historia de la Iglesia
La Iglesia, por una tradición apostólica, que trae su origen del mismo día de la Resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que es llamado con razón "día del Señor" o domingo. En este día los fieles deben reunirse a fin de que, escuchando la palabra de Dios y participando en la Eucaristía, recuerden la Pasión, la Resurrección y la gloria del Señor Jesús y den gracias a Dios, que los «hizo renacer a la viva esperanza por la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos» (I Pe 1,3). Por esto el domingo es la fiesta primordial, que debe presentarse e inculcarse a la piedad de los fieles, de modo que sea también día de alegría y de liberación del trabajo. No se le antepongan otras solemnidades, a no ser que sean de veras de suma importancia, puesto que el domingo es el fundamento y el núcleo de todo el año litúrgico. (n. 106)
Hay que dar ahora una mirada al desarrollo del domingo en la Historia de Salvación:
I. EL SABADO JUDÍO
Se aborda aquí lo referido a la semana, y con respecto a ella se aduce que la distribución cristiana de los siete días tiene su origen en la semana judía que acaba con el sábado, día séptimo y día de descanso que a su vez tiene sus antecedentes en las religiones y culturas premosaicas. Para estas el sol y la luna juegan un papel fundamental, pues marcan toda su vida y sus actividades. Así por ejemplo según la fuerza vital del sol se llegó a una división del año en estaciones en las que se celebraban la siembra, el crecimiento, la recogida de cosechas y la muerte, nacieron de esta manera en Roma las feriae sementivae (noviembre - diciembre), las feriae messis (junio y agosto) y las feriae vindeminales (septiembre). Otro elemento importante es la historia mensual de la luna que nace, crece, decrece y muere. Se llegó a descubrir el día séptimo para que recogiese la fatiga de la semana y dar equilibrio físico y espiritual al hombre trabajador. Todos estos ritmos, inspirados en la naturaleza, tienen como finalidad religiosa crear unos días sagrados, necesarios para mantener el equilibrio físico, psíquico y religioso de la comunidad. De todos los ritmos ha perdurado hasta nuestros días la semana con un día final religioso de descanso. Por la unión de la base natural con el cálculo se puede decir que la semana es un ciclo cultural. La feminidad de la luna es un elemento esencial cuando se habla de la división del mes en cuatro semanas; el cuatro es femenino, el tres es masculino.
Luego se hace referencia a la institución del sábado como el descanso. Para esto se habla de los días nefastos; para lo cual se recuerda la discusión sobre si la semana procede del mundo índico-iránico o del sumerio-babilónico; lo cierto es que tiene su origen en Ur de Caldea entre los sumerios, un pueblo con una religión lunar. Los días nefastos eran las fiestas lunares guardadas cada siete días. En Ur las dos fechas más importantes eran la luna llena (sabattum) y el día de su desaparición (bubbulum), que eran celebrados con ayunos, oraciones y ritos especiales, con lo cual se definieron los días favorables (semu) o nefastos (limnu).
Se habla así de cómo la palabra bíblica Sabbath procede de la palabra babilónica sapattu, que puede significar dos cosas: “cesar” o “siete”. En cuanto día de luna llena era la fecha final de un tiempo de trabajo; y en cuanto derivado de número siete era sinónimo de un día tabú. Con esto es claro que el descanso sabático ya existía antes de que se planteara en el decálogo. Así pues de algún modo el sabbath es judaizado, y para después del exilio es norma para todos los hebreos; es el caso de la prescripción mosaica en la que el descanso sabático se da por la cesación de la caída del maná; sin embargo no es del todo claro el origen mosaico de esta norma.
El sábado es también considerado el día de libertad; el sabbath es el día en que descansa tanto el rico como el pobre, el esclavo como el libre, la bestia como el humano, porque es símbolo de la liberación del a esclavitud del Egipto. De igual manera, el sábado como simbólica del día séptimo, hace hincapié en las prescripciones levíticas que declaran al sábado como día cultual, un día para la asamblea. Pasa de ser el recuerdo de la liberación de la esclavitud de Egipto a tener un sentido litúrgico celebrativo. También el sábado es signo de la participación en la vida divina, pues el sábado como día santo pertenece a Yahvé y no al trabajo de los hombres, ya que aquel lo desacraliza. Después de todo el sábado será considerado, signo escatológico del mundo futuro; esto se explica porque antes del exilio es sábado tenía un sentido festivo, durante el exilio adquirió un sentido de santificación como centro de la piedad de los hebreos. Luego el sábado simboliza la alianza entre Dios y el pueblo y la garantía de la alianza futura. El sábado, a tenor de las sentencias de Ezequiel y de Isaías, sería un día dedicado totalmente a Yahvé.
II. DEL SÁBADO AL DOMINGO
El fundamento teológico del sábado judío es la Alianza, cuyo signo es también la circuncisión. Al final el sábado es el signo comunitario entre Dios y la humanidad. Desde la perspectiva deuteronómica en el sábado se ve cómo el pueblo concreta la alianza y desde el punto de vista sacerdotal se considera el sábado en el cómo Dios concede la alianza. Con todo el sábado termina siendo una figura como todas las instituciones y personajes del AT. Cristo es el espíritu del sábado como de toda la Antigua Alianza. Con el descanso de los cuerpos el sábado que empezaba desde las vísperas del viernes, se disponían las almas para la oración. Para esto con el exilio se crea la sinagoga para realzar el aspecto celebrativo comunitario del sábado.
Cristo tendrá que asumirse como el verdadero descanso, en tanto con su venida se inaugura el reino de Dios, que se había preparado desde el AT. Con la venida del Cristo redentor, se le da plenitud de significado al sábado; esto se evidencia con el rechazo de Jesús frente a los formalismos fariséicos con respecto al sábado. El trabajo sabático del Hijo será continuación del trabajo del Padre. A la luz de la reinterpretación que hace Jesús del sábado y el abandono que os primeros cristianos hacen de esta institución supone la separación total de la sinagoga. Según la predicaicon del san Pablo, signos judíos como el sábado y la circuncisión son pobres elementos comparados con la gracia que nos viene por Cristo. El cristiano entonces no descansará el sábado, sino en el Cristo, que es el Señor del sábado, que inaugura los últimos tiempos con el domingo. El verdadero sábado, según Tertuliano, es nuestro Salvador Jesucristo.
Con todo el tiempo cristiano será el verdadero séptimo día, puesto que Cristo al morir en las vísperas del sábado, descansó de su obra redentora y preparó otro día: el domingo como nuevo signo que sacramentaliza el misterio de la celebración pascual de Cristo. El sábado como institución muere con la muerte de Cristo para que se instaure el verdadero “séptimo día como auténtica liberación y nueva alianza del pueblo de Dios, era indispensable que el Señor eligiera para su Resurrección su Día, con un valor, en esencia, teologal.}
III. EL DOMINGO CRISTIANO
Con respecto a esto veremos los fundamentos teológicos, para lo cual se dice que el domingo es llamado con razón "día del Señor" (SC n. 106). Y esto se basa con razón en “una tradición apostólica, que trae su origen del mismo día de la Resurrección de Cristo” (Ibíd.)
Los primeros cristianos siguieron celebrando el sábado como día de descanso, pero en el domingo conmemoraban la Resurrección del Señor. Era el domingo el primero día del la semana judía. El día de la Resurrección de Cristo es el día de la fracción del pan y se acentuaba la esperanza de la vuelta del Señor. Con todo el domingo será para el cristiano el día en el que se obran todos los signos mesiánicos; es el día de la presencia misteriosa del Señor. “No es un día en el cual el hombre consagra y santifica, sino el día que Cristo elige para venir y cumplir la totalidad del obra futura. Después de hablar del primer día de la semana, se hablaba del día del Señor, dies dominica. Desde el siglo III se le denominó también “día de la Resurrección”.
El domingo no tiene su génesis sólo en la cultura judía, sino también en la pagana, donde los romanos, especialmente, celebran el dies solis, el día del sol. A partir de los señalamiento de Malaquías sobre Cristo como “sol de justicia”, pudo cristianizarse fácilmente la fiesta pagana del sol invicto.
El domingo es también el día octavo respecto del eón futuro. Los siete días son figura del tiempo, como el día octavo el símbolo de eternidad; el domingo es la figura del mundo futuro. El domingo, según San Basilio, es “uno” y “octavo”; uno, porque la vida futura es, a la vez, una, sin sucesión, sin ocaso; octavo, porque el mundo futuro sucederá al presente, figurado por el septenario”.
La Iglesia celebra el Misterio pascual cada ocho días, pues por una tradición apostólica es allí donde se celebra la eucaristía. Así pues el domingo es la fiesta principal, porque contiene todo el Misterio Pascual, es el resumen de la vida cristiana en comunidad, donde se comulga con el Cuerpo glorioso de Cristo, con las exigencias de la muerte y la resurrección; en el domingo se da esto más plenamente.
De tal manera que el domingo es el fundamento y el núcleo de todo el año litúrgico, este último se apoya en el día del Señor. Las celebraciones dominicales muestran el desarrollo de toda la historia de la salvación.
De todo lo anterior algunas consecuencias pastorales: la primera, tiene que ver con las tareas de la enseñanza de la Palabra y la celebración de la Eucaristía dominical. La segunda hace referencia a la asimilación del domingo como día de alegría por la revelación de Dios Creador y Salvador y como día de liberación del trabajo al modo del descanso sabático, pues es en el domingo donde se da plenitud a las virtualidades del Sabbath y además nos hacemos más parecidos a Dios mediante el ejercicio cultual de los poderes mesiánicos dominicales.
El oficio Divino en el vaticano II
José María Martín Patino
a) Problema pastoral
Se habla de la crisis del oficio divino en aspectos como su privatización, su desvinculación con el resto de los actos litúrgicos, el clericalismo y el juridismo. Para lo cual la exigencia es la urgencia de una participación activa, consciente, y fructuosa. Existe a la vez un problema práctico relacionado con lo complejo y tedioso que puede llegar a ser el rezo del salterio.
b) Preocupación de la Iglesia
La Iglesia no ha sido ajena a las problemáticas planteadas anteriormente. Por eso a través de la historia el magisterio ha tratado de simplificar y dar claridad y asequibilidad al rezo del oficio, sin que ello signifique disminución de la importancia y primacía de la oración.
c) Hacia una definición de Oficio
Es vista desde las cuestiones doctrinales para una definición del oficio y desde las normas generales de la reforma proyectada y de los principios anteriores.
I. LAS CUESTIONES DOCTRINALES PARA UNA DEFINICIÓN DEL OFICIO
Se determinan aquí los elementos esenciales al Oficio:
1. La iglesia instituye y ejerce un modo de oración
2. Para dar sentido cristiano al tiempo íntegro del día y de la noche.
3. Esto lo realiza mediante la alabanza y la súplica
II. NORMAS GENERALES DE LA REFORMA PROYECTADA Y DE LOS PRINCIPIOS ANTERIORES
Se miran los aspectos de reforma o restauración de: Laudes y Vísperas, como horas fundamentales; las Completas; la supresión de la Prima; el régimen nuevo de las tres Horas menores; la futura estructura de lo que se llama maitines; y la nueva disposición del salterio.
Al final la dificultad no es sólo comprender espiritualmente la oración de los Salmos, sino de llegar también a la comprensión de la estructura misma del Oficio: es necesario desvelar la función litúrgica de cada una de sus partes y encarnar temporalmente el misterio cristiano en cada hora del día. Hay que devolver al Oficio tres grandes ausencias: el tiempo real, la comunidad y el misterio cristiano. El Misterio Pascual que inspira toda celebración cristiana, debe hacerse más explícito en el tema de las Horas, sobre todo en aquellas de la noche y del día que son la expresión del Muerte y la Resurrección de Cristo.
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