martes, 24 de mayo de 2011

LA ESPIRITUALIDAD LITÚRGICA: BASES TEOLÓGICAS DE UNA ESPIRITUALIDAD LITÚRGICA SEGÚN LA CONSTITUCIÓN CONCILIAR SOBRE LA LITURGIA

INFORME DE LECTURA N° 11

MARTIN, José Ma. Patino s.j. (preparador edición). Liturgia Hoy. Tomo I: Criterios conciliares de la renovación litúrgica. Madrid: Razón y Fe S.A. 1965

LA ESPIRITUALIDAD LITÚRGICA

BASES TEOLÓGICAS DE UNA ESPIRITUALIDAD LITÚRGICA SEGÚN LA CONSTITUCIÓN CONCILIAR SOBRE LA LITURGIA

Sobre el Misterio Pascual

Como Cristo realizó la obra de la redención mediante el Misterio Pascual de su Pasión, Resurrección y Ascensión, ha sido obligación de la Iglesia no sólo el anuncio de este misterio, sino también realizar la obra de la salvación mediante el Sacrificio y lo Sacramentos. De tal forma que, por ejemplo, como lo dice el número 6 de la SC, los hombres son injertados en el Misterio Pascual de Jesucristo y “la Iglesia nunca ha dejado de reunirse para celebrar el misterio pascual: leyendo "cuanto a él se refieren en toda la Escritura" (Lc, 24,27), celebrando la Eucaristía, en la cual "se hace de nuevo presentes la victoria y el triunfo de su Muerte", y dando gracias al mismo tiempo " a Dios por el don inefable" (2 Cor, 9,15) en Cristo Jesús, "para alabar su gloria" (Ef, 1,12), por la fuerza del Espíritu Santo”(n. 6).

El concilio enseña a vivir la fe como la conciencia vivida de la Historia de Salvación que es la Historia de Cristo muerto y resucitado, y que debe llegar a ser nuestra historia. El objeto de nuestra fe es el acontecimiento de la muerte y la glorificación de Cristo, ocurrido de una vez y para siempre, creyendo en él como hacia el que todo tendía desde Adán, que pone su marca en todo lo que seguirá y hasta la Parusía como consumación de la historia de los hombres.

La realidad de la Muerte, Resurrección y Ascensión aparece como la pascua de la tiniebla a la luz, de la muerte a la vida, que tiene su representación en la antigua alianza y alcanza su plenitud en la Nueva con el bautismo en Cristo. Esta visión supone una restauración de la espiritualidad litúrgica centrada en la Biblia y en la Liturgia tradicional, esta última como orientadora en la interpretación de la Escritura.

Sobre la afirmación del Misterio Pascual como Misterio del Culto

Quiere decir lo anterior, que el misterio da el sentido y el contenido a todo el culto cristiano, y que es el misterio el que se cumple precisamente en el culto que el Padre espera de sus hijos; en espíritu y verdad. Así pues el principal efecto de la celebración del Misterio Pascual es santificar a la humanidad en la Iglesia uniéndola a la función sacerdotal de su Cabeza que es Cristo. Tal santificación es un don que nos hace capaces de dar a Dios el culto que es debido. La Liturgia terrestre, es como lo dice el numeral 8 de la SC, pregustación de la Liturgia celestial. La liturgia debe ser vista ante todo en la perspectiva de la glorificación de Dios que incluye un aspecto antropocéntrico.

Nosotros como miembros activos del cuerpo místico de Cristo, experimentamos el sentido comunitario que tiene la liturgia, que se nos presenta a partir de un lenguaje humano y divino que nos une a toda la Iglesia universal.

Mediante la liturgia el pueblo cristiano vive en conocimiento pleno de Cristo, especialmente en su amor. De esta manera Cristo está presente en la comunidad, asociándola en su Misterio Pascual, de manera que Dios a través de su Hijo Amado, se sienta plenamente glorificado y los hombre plenamente santificados.

No hay otra manera más visible de comprender lo invisible-sobrenatural, que actualizar el Misterio Pascual de Jesucristo, a través de la vivencia comunitaria de la liturgia.

Podemos entonces concluir este capítulo diciendo:

Que el Misterio Pascual debe ser celebrado desde dos planos:

- Experiencia litúrgica (vida comunitaria- signos y símbolos- gestos)

- Experiencia personal (reflexión, conversión, entrega total y libre)

Estas dos experiencias tienen una base, la cual exige que estén plenamente unidas. Esa base es la FE.

Sobre el carácter eclesiástico de la liturgia

Por el Misterio Pascual, los cristianos se convierten en verdaderos adoradores de Dios, convirtiendo así la liturgia, en Misterio de la Divinidad de la Iglesia.

La realidad sacramental y mística que contiene la liturgia, se convierte en uno de los tesoros más grandes que Dios ha entregado a la Iglesia. Para que la liturgia se cumpla en función de glorificar a Dios y santificar al hombre, se debe recibir como una misión directa a los encargados de administrar las Iglesias particulares, es decir, los obispos. Sin embargo, se debe evitar todo protagonismo, popularidad y manipulación de todo lo que corresponde a la vida litúrgica de la Iglesia. Es decir, que la liturgia acomodada por gustos personales o por algunos caprichos, desvirtúa y desacredita la unicidad de la Iglesia.

Otra realidad en la que se puede caer, es el clericalismo de algunos ministros, que a través de la autoridad eclesial que tienen, excluyen a los laicos de la vida litúrgica de la Iglesia, haciéndolos solamente espectadores y no miembros del cuerpo místico de Cristo.

Más que sentirse dueños de la liturgia, los obispos como sucesores de los Apóstoles, son los principales guardianes de este tesoro precioso que Cristo le dio a su Iglesia. En caso de hacer alguna modificación, o complementación a lo establecido en la liturgia, siempre debe llevar a un mejor conocimiento de la verdad que es Jesucristo.

Si la liturgia fue confiada a los Apóstoles y a sus sucesores los obispos, fue precisamente porque en la Iglesia-institución, sea a nivel diocesano o a nivel universal, se necesita personas que presidan las acciones sagradas de la Iglesia. Estos agentes de la escala eclesiástica, deben mostrar siempre, que la liturgia es de carácter público y comunitario, no privado. Es decir, que el Cuerpo de Cristo conformado por muchos miembros (obispos, sacerdotes, laicos) se mantiene por la función indispensable de cada una de las piezas. Teniendo claro, que cada miembro tiene una función específica, del cual debe participar buscando su propia santificación y la de los demás.

Sobre la posición de la liturgia en la vida del pueblo de Dios

La liturgia en las múltiples actividades de la Iglesia ocupa el lugar primordial, donde los cristianos se encuentran como familia cristiana a celebrar los Misterios Divinos.

Para que esta vida litúrgica se viva eficazmente, deben los laicos darle a la liturgia el puesto digno de una plena participación.

La participación viene del latín participatio partem-capere=tomar parte) y es sinónimo de intervención, adhesión, asistencia". En efecto, hoy día la palabra es utilizada frecuentemente y todo el mundo pide, en cualquier ámbito de la vida, poder participar. Para los cristianos, el fundamento de la participación está en el Bautismo ya que todo bautizado está revestido de la dignidad sacerdotal.

Se puede fácilmente mal interpretar la participación, creyendo que ella depende, de la presencia masiva de “católicos” a la vida litúrgica de la Iglesia. Esto es un gran error. No se trata de multiplicar artificialmente las actividades litúrgicas, pensando en aumentar la partición de los laicos. Se trata en que los pocos o los muchos participantes realmente de la acción salvadora de Dios.

Toda esta realidad puede ser fruto de la mala interpretación de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, que busca que los fieles laicos tengan una participación plena, consciente y activa en la vida litúrgica de la Iglesia. Sin embargo, lo fieles pueden libremente realizar actos de piedad en forma privada, siempre y cuando tenga un fundamento que vaya en unidad a la espiritualidad eclesial. Estas actividades de piedad, serían frutos de la misma vida litúrgica, serían una complementación de nuestra entrega personal y diaria a Dios.

Sobre la liturgia como don objetivo de Dios y la liturgia como asimilación subjetiva de este don por el pueblo de Dios

Una realidad en la que pocas veces pensamos, es la dimensión pedagógica de la liturgia. Además de celebrar los misterios pascuales, enseñanza doctrinal, la comunidad aprende y asimila el camino más apropiado para llegar a la plena configuración con Cristo.

Ver el sentido pleno de este camino, exige fe para poder comprender la acción salvadora de Dios a través de los signos y símbolos. Por tanto, la liturgia no puede ser usada como apologética, es decir como defensa radical de nuestras doctrinas. Mucho menos puede ser lugar de atracción para ganar adeptos a la religión.

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