INFORME DE LECTURA N° 7
MARTIN, José Ma. Patino s.j. (preparador edición). Liturgia Hoy. Tomo I: Criterios conciliares de la renovación litúrgica. Madrid: Razón y Fe S.A. 1965
EL MOVIMIENTO LITÚRGICO: ORIGEN Y SIGNIFICADO
Josef A. Jungmann
A partir del anuncio de SS Juan XIII del Concilio Vaticano II, se empieza a vislumbrar una época de cambios para la Iglesia. Pero nunca nadie se imaginó que dicho cambio fuera a afectar tan radicalmente a la Liturgia que parecía ser inmodificable. En el concilio se configura una constitución sobre la Sagrada Liturgia: la Sacrosanctum Conclilium, como culminación del llamado Movimiento Litúrgico. Así pues hay que remontarse años atrás para descubrir las primeras señales del ya mencionado movimiento.
Podría considerarse el Medioevo como la época del redescubrimiento de la liturgia; es el primer indicio del movimiento litúrgico, sobre todo con la renovación del canto Gregoriano. Luego la reforma que al respecto de la liturgia hizo SS Pío V en l750 después del Concilio de Trento no fue una reforma pastoral; lo más importante son las rúbricas y todo lo concerniente a la liturgia le corresponde al sacerdote. El ideal era enfatizar la distinción entre el laico y el clero; sólo el ministro consagrado puede consagrar y administrar los misterios.
Más adelante en el siglo XX con la secularización, la tecnología y, como consecuencia, la descristianización, se ve necesaria una resignificación y, quizás, la reforma de la liturgia. El padre Beauduin de Bélgica, en el marco del Congreso Nacional de Obras Católicas en 1909 instaba a los asistentes a aprovechar la gran oportunidad que en la liturgia y, en su marco, la reunión de la comunidad se tenía para, entre otras cosas, de renovar la espiritualidad y conmemorar las alegrías y tristezas de los fieles. Sin embargo, proponía, encontrar nuevos caminos. Es a partir de aquí que nace el movimiento litúrgico propiamente dicho; el 23 de septiembre de 1909 en tierra belga; sobre todo con la propagación del texto de las Vísperas y de la Misa y la introducción del pueblo en la liturgia. En la Alemania de postguerra, comenzó a tomar vigor el Movimiento, pero desde el punto de vista académico, con el centro Maria Laach. Se logró avanzar hacia las misas comunitarias y dialogadas. Más adelante Pius Parsch, desde 1930 hacía llegar a las parroquias cuadernillos con el texto de la Misa con los cuales el pueblo aprendió a contestar el ordinario de la Misa en lengua vulgar. La fuerza del movimiento llegaría así, hasta otras naciones, entre las que se cuenta a Francia.
El logro más importante hasta el momento del Movimiento, corresponde al acercamiento de los fieles a la Liturgia; ya no eran sólo espectadores y receptores. No obstante, aún había tres dificultades: la lengua de la liturgia: el latín; la complejidad de la Liturgia (ceremonias y ritos muy elaborados); y, las aclaraciones históricas. El tiempo pasa, y en la postguerra el Movimiento o Renovación litúrgica, da un importante paso promovido por SS Pío XII entre1950 y 1955 al modificar la Vigilia pascual, y luego, toda la Semana Santa. En Asís, (1956) la alocución final del Papa: “Liturgia Pastoral”, después del Congreso Internacional de Pastoral Litúrgica, fue lo que dio apertura al “renacimiento pastoral de la Liturgia” motivado, entre otras cuestiones, por la incredulidad que se gestaba en la época.
Analizando la costumbre y el uso, se vislumbran puntos loables y otros no tanto. Por un lado, la protección de lo esencial que posibilita la conservación de la religión, de la verdadera vida cristiana. Por otro, el condicionamiento de la costumbre que lleva a la mera rutina y la inconsciencia; a la sola normativización de deberes y prohibiciones. De lo último de desprende una menesterosa urgencia: la resignificación del cristianismo desde la consciencia, la comprensión, la captación, la afirmación y la libertad. La propuesta para lograr esto, es “enseñar primero desde el indicativo y luego desde el imperativo”. A todo lo anterior cabe añadir la importancia de la entraña evangélica, cristológica, catequética y apostólica, como los pilares del sentido del Movimiento litúrgico.
Las pretensiones del movimiento litúrgico van más allá de la mera participación de los laicos; incluyen la efectivización de la cura pastoral, la renovación religiosa, la inserción del pueblo en un cristianismo vivido y comprendido con intensidad. Hay que partir de los principios de la oración, la profundización de las verdades del cristianismo (no sólo desde la intelectualidad, sino desde el corazón; desde la Fe, la Gracia y los Sacramentos). En este sentido, la Liturgia tendrá que llevarnos, mediante lo perceptible, a la comprensión de las verdades sobrenaturales que la teología formula. La Liturgia debe ser crística y cristocéntrica; en ella se debe comunicar tanto al Cristo humano como al Divino, la Mediador, al intercesor, al Sumo Sacerdote.
Importante es al final, la insistencia del Movimiento litúrgico, en una intensificación y concentración en lo esencial: Cristo. No es conveniente la desviación y centralización en diversas devociones; se requiere de unidad en Cristo. A la Teología le corresponde la elaboración de dicha unidad en el terreno de la Fe, y a la Liturgia, me atrevo a decir, su comunicación en el terreno de la práctica de la fe cristiana.
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