lunes, 21 de marzo de 2011

EL ALTAR Y LA ORACIÓN DENTRO DE LA LITURGIA

INFORME DE LECTURA N° 5

RATZINGER, Joseph. Introducción al Espíritu de la Liturgia. Bogotá: Sociedad de San Pablo, primera edición, 2001.

PARTE II

TIEMPO Y ÁMBITO DE LA LITURGIA

CAPÍTULO III

EL ALTAR Y LA ORACIÓN DENTRO DE LA LITURGIA

La orientación de la plegaria hacia el Este, es una expresión de la unión entre el cosmos y la historia. Ahora bien, gracias a la universalidad de la concepción de Dios, elaborada por el cristianismo, a Dios se le puede orar en cualquier parte, pues el abarca toda la creación y esta sosteniéndonos desde dentro en nuestro ser y en nuestro actuar. No obstante, hay que recocer que el símbolo cósmico del sol naciente, conserva el sentido concreto del lugar de la Revelación con un acentuado matiz cristológico centrado en la Encarnación.

En cuanto al altar y en referencia a su ubicación, se ha visto una evolución, según aspectos propios de las realidades que ha tenido que enfrentar la Iglesia como el martirio por ejemplo; este motivó la construcción de los alatares sobre la tumba de los mártires, significando la unión de su sacrificio con el de Cristo. Otro asunto es la referencia arquitectónica de la basílica de san Pedro, respecto a la cual se han construido y dispuesto los lugares de la liturgia en muchos templos. En la actualidad, hay una nuevo aire, por así decirlo, que se enmarca en la renovación litúrgica referida a la presidencia de la liturgia de cara al pueblo, por aquello de la participación activa, y por el sentido comunitario del banquete eucarístico que se comparte.

Es importante resaltar que la estructura del templo cristiano, relacionada con la oración también, está determinada por lo concerniente al Templo y a la Sinagoga, por la liturgia de la Palabra y de la Eucaristía de los primeros cristianos y por los elementos cósmicos e históricos. Hay una remisión interesante al sacrificio pascual de Cristo, a su cruz, a su Pasión, Muerte y Resurrección. No es tan importante que el presidente esté de cara a la pared o al pueblo, lo realmente importante es la mirada que el pueblo, incluido el sacerdote, dirija al Señor; es aquí donde el símbolo del sol naciente también adquiere sentido.

Al final, lo realmente importante en todo el análisis, es no dejar de reconocer lo esencial a pesar de los cambios. No puede retornarse de manera arbitraria a las disposiciones antiguas, pues se tiene el peligro de caer en un exacerbado romanticismo; deben tenerse en cuenta los desarrollos que en materia litúrgica se han dado hasta ahora, como signo de que lo que se siembra tiene que crecer y dar fruto. Se trata en todo esto de hacer un “redescubrimiento de lo esencial”.

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