viernes, 25 de marzo de 2011

LA RESERVA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

INFORME DE LECTURA N° 6

RATZINGER, Joseph. Introducción al Espíritu de la Liturgia. Bogotá: Sociedad de San Pablo, primera edición, 2001.

PARTE II

TIEMPO Y ÁMBITO DE LA LITURGIA

CAPÍTULO IV

LA RESERVA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

El sagrario como lugar del shekhiná (presencia del Dios viviente), se empieza a desarrollar a partir del siglo II; luego de grandes disputas en el plano teológico se le da un puesto eminente a la presencia de Cristo en la hostia. No obstante, se piensa de forma dañina que aspectos como la transubstanciación, la adoración del Santísimo, su culto en la custodia y las procesiones, son desviaciones de la Edad Media. De estas hay que apartarse decididamente. Otros aducen que la Eucaristía debería ser comida y nada más. No debería haber contemplación. Estas afirmaciones no toman en cuenta la evolución del pensamiento teológico, por lo que deben quedar absolutamente descartadas. Frente a esto se toma en cuenta la clara convicción venida desde Pablo: el pan y el vino se convierten en la Carne y la Sangre de Cristo. Con los padres de Iglesia a la cabeza, no hay duda de la presencia mistérica de Cristo en la Hostia y de la transubstanciación de las especies del pan y del vino. La Encarnación y la Resurrección están íntimamente unidas a la fe en el Eucaristía. El objetivo de la Eucaristía es uno: nuestra propia transformación en la comunión en el solo Cuerpo y el solo Espíritu.

Se parte del Corpus Mysticum, donde este último se refiere al Misterio, es decir, a la presencia misteriosa de Cristo en la hostia, luego, en la edad Media se pasa a la concepción de Corpum Verum, lo que significa Cuerpo Verdadero. Con el tiempo esto habrá de adquirir una connotación altamente escatológica. A la vez, con esta transformación lingüística, se había llegado a la convicción de la unidad entre Dios y los hombres, entre el yo y el tú para llegar al nosotros, equiparado a la comunión de los santos, aunque no tan fuerte como en antiguo.

Al asumirse la realidad del Cuerpo Verdadero, en la cual nos unimos a Cristo, se tiene claro que el efecto de la transubstanciación se mantiene en las especies, por lo que es lícito reservar el santísimo. Esta transubstanciación no es sólo en el plano material; Cristo mismo, se hace presente con todo su cuerpo y su alma, con toda su humanidad y divinidad. En la Eucaristía tenemos la presencia personal y transformadora de Cristo. Al adquirirse esta consciencia, al captar esto con la intimidad del ser, se ha hecho necesario el establecimiento del sagrario, que ocupa y trasciende el lugar del Arca de la Alianza; la realidad del shekhiná se cumple en el sagrario de forma más eminente y perfecta.

Al final, ninguno puede expresar que la Eucaristía es sólo para ser consumida y no para ser adorada. En la contemplación y en el hecho de comer el Cuerpo Verdadero, se establece una auténtica comunión con Cristo. Así pues, la presencia de la Eucaristía en el sagrario es la plena realización de la Eucaristía que se celebra; es la Eucaristía la que le da vida al templo, al lugar sagrado. Esto nos pone en consonancia con la realidad escatológica de la Parusía. Con todo, el sagrario merece un lugar privilegiado en la disposición arquitectónica de los templos para que podamos establecer una más íntima y profunda comunión con el Cuerpo Místico, con el Cuerpo Verdadero; con Cristo Eucarístico, que es a la vez el Encarnado y el Resucitado.

6 comentarios:

  1. Jhon Mario:

    Muy bien tu informe.

    Es preciso tener claro de acuerdo a la lectura que el cuerpo del Señor nos quiere unir consigo para que seamos su verdadero cuerpo y esto sólo es posible en el acto eucarístico.

    Es preciso también tner muy claro que Cristo no se convierte en un objeto, sino que estamos hablando de la presencia real y personal.

    Comerlo significa adorarlo.

    ¿Existe una yuxtaposición entre la eucaristía celebrada y la eucaristía adorada? ¿Cuál de ellas es más importante?

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  2. Hola Jhon Mario, me parece muy importante lo que se presenta en el informe, en donde se nos habla que mediante la comunión se establece una unión con Cristo, quien está verdaderamente presente en la Hostia. Y finalmente me parece muy importante resaltar que Jesús está verdaderamente presente en el Sagrario. A demás es necesario tener presente que la Eucaristía es la que le da vida al lugar Sagrado.

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  3. Gracias Padre y gracias Marcos por los comentarios.

    Con respecto a los cuestionamientos del Padre, bajo ninguna circunstancia se puede hablar de una yuxtaposición o encuentro de contrarios respecto a la Eucaristía que se celebra y la que se adora; precisamente es gracias a la celebración que es posible que las formas Eucarísticas sean conservadas en el Sagrario. El asunto aquí es de plenificación. Esto último se ve reforzado por el énfasis que hace Marcos a la vida que la Eucaristía reservada en el sagrario, le da al lugar Sagrado.

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  4. muy bien tu informe, es muy bueno recordar donde esta verdaderamente la presencia de Jesucrsito, con el cual nos configuramos con el al comerlo-adorarlo.

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  5. Es claro lo que quieres expresar, se ve que tuviste buena lectura y te llenaste de información al momento de argumentar. Y todo lo que dices es la realidad de la Iglesia, por ello todo cambia; pero ojalá en nosotros nunca cambie ese sentido cristológico con el cual nos configuramos día a día.
    Éxitos

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  6. Jhon Mario: en tu informe se muestra de una forma clara y concisa la concepción que el papa nos desarrolla a través de la historia de la importancia de la eucaristía, más concretamente la presencia de Cristo en el pan y el vino, lo que conocemos como transustanciación, el sentido que tiene el sagrario como el lugar en donde se reserva la sagrada eucaristía, dándole el relevante al lugar de encuentro con Dios. Concluyendo así como nos lo muestras claramente tú informe: la presencia de la Eucaristía en el sagrario es la plena realización de la Eucaristía que se celebra; es la Eucaristía la que le da vida al templo, al lugar sagrado.

    Felicidades.

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